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Publicado por el 10 Febrero, 2017 en Conocimiento, Sulá Batsú, TIC y Sociedad

Columna: El cambio se da desde las generaciones más jóvenes (en tanto nosotrxs mismxs seamos ese cambio)

Columna: El cambio se da desde las generaciones más jóvenes (en tanto nosotrxs mismxs seamos ese cambio)

 

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Por María José Vargas Ramírez. Durante la segunda mitad del 2016 tuve la oportunidad de ser parte de dos proyectos lindísimos de la Cooperativa Sulá Batsú: el Taller de Formación de Orugas, en el papel de facilitadora, e Historias Digitales, como gestora de este capítulo de Generación 3.0. Gracias a estos proyectos, tres días a la semana pude trabajar con niñas y adolescentes, quienes me permitieron conocer las visiones de mundo de las generaciones más jóvenes del país.

Por una parte, pude interactuar con varios grupos de niñas entre 11 y 13 años procedentes de Escazú, con el fin de trabajar con ellas en su empoderamiento como mujeres mediante el arte, la creatividad y la diversión. Por otro lado, emprendimos un proceso de cuatro meses de trabajo con adolescentes de 16 a 18 años de áreas rurales y urbanas de Cartago, en el cual utilizamos las tecnologías digitales para amplificar sus voces y posicionar el conocimiento local de sus comunidades.

Actualmente, las poblaciones más jóvenes viven en la que podría ser la era más globalizada de la historia, donde estrellas de Hollywood parecen más cercanas que vecinos o personajes locales; en la que las imposiciones y los estándares resultan cada día más foráneos, más lejanos, más inalcanzables; una era que propicia que las voces e ideologías minoritarias se pierdan en una uniformidad hegemónica. Darse cuenta de esto puede resultar un poco desesperanzador (ya en mi época no era muy diferente, simplemente los ídolos eran otros), pero hay también atisbos de resiliencia que van guiando la senda por recorrer y dictando las áreas por fortalecer.

A estas edades, los chicos y las chicas ya tienen su capacidad analítica y crítica bastante bien formada, pero aún no se ha fosilizado; es decir, siguen siendo muy receptivos y abiertos a ideas nuevas y progresistas. Esto abre la oportunidad no solo para tratar de inculcarles enseñanzas de una forma vertical o paternalista, sino para trabajar en su empoderamiento personal, para que ellos mismos puedan formar sus propios puntos de vista, hacer escuchar sus opiniones y disidir a su propia manera.

A través de este periodo, también pude percibir que de lo que más necesitan estas poblaciones para no caer en condiciones de vulnerabilidad es ser escuchados y apoyados en su proceso de crecimiento personal, aceptados y valorados  por quienes son, comprendidos en su gran diversidad. Sin embargo, gran parte de ellos carecen de redes de apoyos en sus familias, centros educativos o comunidades, por lo cual resulta vital abrir espacios seguros como Orugas o Historias Digitales. Es increíble el gran impacto que pueden tener procesos constructivistas, horizontales, solidarios, abiertos y divertidos como los mencionados atrás, pues más que imponer, construyen desde la mezcla de experiencias y saberes.

En ambos proyectos pude ver reflejado mi propio proceso de desarrollo personal: siendo una niña un poco asustada del mundo a su alrededor, sin saber muy bien qué estaba bien o mal o en qué debía creer; pasando a ser una adolescente que muchas veces sentía que su voz no valía lo suficiente y que ella no tenía cabida en ningún sitio; para luego tener que superar esas falencias y darme cuenta de que yo soy la única que determino qué está bien o mal desde mi perspectiva, que puedo creer o no creer en absolutamente lo que yo quiera, que mi voz es tan importante como cualquier otra y que la debo alzar ante las imposiciones e injusticias sociales de una manera u otra. Me alegra poder aportar mi granito de arena para que haya generaciones que se den cuenta de todo esto desde más edades más tempranas.